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Betelu es un precioso pueblo enclavado en el
bucólico valle de Araiz. Adquirió la categoría de villa en el año
1694.
Es un pueblo de la montaña vasca, asentado en una hondonada por
donde discurre un río recién nacido, llamado Araxes, que surge de
las proximidades del puerto de Azpíroz, en donde se halla el
manantial llamado Iturribeltza. Es un río pequeño, cantarín, rápido,
de aguas limpias y cristalinas que albergan en su interior
riquísimas e irisadas truchas y cangrejos. Es un río travieso, pero
al mismo tiempo dadivoso, que permite que en sus remansos y vados
los muchachos del pueblo durante el verano puedan bañarse y
refrescarse. Atraviesa todo el pueblo de sur a norte, recibiendo las
aguas de los pequeños errekas y manantiales de las montañas
adyacentes hasta terminar muriendo en el Oria, en tierras
guipuzcoanas. Betelu está rodeado de grandes montañas. Por un lado
montañas escarpadas y altas como la sierra de Aralar, las llamadas
Malloas, coronadas de nieve durante el invierno y adornadas durante
la primavera y el verano de verdores de distinto tono desde el
esmeralda hasta el verdema, que cambian a oro durante el otoño. Por
el otro lado, montañas duras y pedregosas con oquedades y aberturas
de antiguas minas de plomo, de caminos tortuosos y difíciles, que
hacen complicado y fatigoso el atravesarlas: son las montañas del
Elosta, de arbolado más pequeño, pero cuyos prados, en verano, están
repletos de rica y olorosa manzanilla.
Betelu es un municipio en el que, a diferencia del resto de los
pueblos del valle, no hay muchos caseríos diseminados por las
laderas y colinas que lo circundan. Únicamente hay bordas que sirven
para guardar el ganado y el heno seco recogido durante los meses
estivales. La mayor parte de sus viviendas y caseríos están en
derredor de la plaza, de los flancos de la carretera o del río que
atraviesan el pueblo en paralelo de sur a norte.
El núcleo principal, en donde la gente se reúne para tomar algún
trago de vino o hablar de sus hechos preferentes, es la plaza:
amplia, con un formidable frontón de piedra en donde los chicos y
mayores juegan diariamente a la pelota vasca destrozándose las manos
en largos y disputados partidos. Grandes pelotaris, como los Lasa y
otros, han surgido de las paredes de ese frontón.
La plaza está rodeada de hermosas casas de piedra de tres alturas y
a dos aguas. Presidiendo la plaza se halla la iglesia parroquial de
San Pedro, no muy grande pero lo suficiente para que desde su
campanario se divisen todos los rincones del pueblo y el sonido de
sus campanas lo oigan hasta en las colinas más alejadas.
Al comienzo del pueblo, en el sureste, se hallaba el balneario del
cual fluyen estupendas aguas medicinales, emanadas de sus dos
fuentes principales la Dama-iturri y la Iturri-santo, procedentes de
las colinas de la sierra de Aralar, aguas que le han dado a Betelu
fama nacional. A tomarlas acudían todos los años pacientes y
personalidades de la política, de la aristocracia, de la
intelectualidad y del clero de todo el país. Cada una de las dos
fuentes o manantiales tiene su distintivo individual. En el
manantial de Iturri-santo afloran aguas sulfuradas sódicas
nitrogenadas a una temperatura de unos 20 grados, muy indicadas para
las dolencias respiratorias y cutáneas. Las de la fuente de Dama-iturri
son aguas bicarbonatadas muy sedantes y diuréticas; las toman los
enfermos que padecen de artritis y problemas digestivos y renales.
Hoy en día, el mal llamado progreso y la falta de interés de la
Administración han privado al pueblo del balneario.
En su contorno quedan múltiples fuentes y quienquiera que lo visite
percibirá uno de los lugares mas bellos e idóneos para el descanso y
la curación de muchas enfermedades, pues además del tratamiento de
las aguas y del templado clima de la zona, podrá disfrutar de los
bucólicos paseos hacia las Malloas por las carretera de Inza, de
Uztegui, de Gaínza, de Arribe, de Atallo o de Azcárate o por la
ribera del río en dirección a Errazquin. O bien, si tiene ánimos,
puede hacer un paseo ascendente por el camino de San Donato, o por
los del Elosta, o atravesando por senderos las verdosas colinas
flanqueadas de avellanos silvestres, de fresnos, de nogales y de
castaños. Se podrá detener a descansar en algún caserío o chabola de
pastor a comer unas raciones del rico queso ahumado de la región, al
tiempo que la visión y la mente se inundan por la belleza del valle.
(Fuente: Diario de Noticias, Articulo de B. M.)
El manantial termomineral de Betelu esta situado en el precioso
enclave natural de Betelu (Navarra). Fue el origen del balneario del
mismo nombre que a lo largo de muchos años se hizo famoso por los
efectos beneficiosos de sus aguas. El balneario tenía 300
habitaciones y los propietarios reservaban una de ellas, la mejor de
todas, por supuesto, para la visita que durante los veranos hacía el
rey Alfonso XII. Entonces el pueblo se vestía de fiesta y al rey le
daban la bienvenida con flores y música.
Betelu, una ferrería tardía
La ferrería de Betelu fue constituida por tres socios en 1828, en
plena época de decadencia del sector. Juan Antonio Zabala, Cristobal
Lazcano y Pedro Antonio Ochotorena impulsaron un conjunto industrial
en el que instalaron una ferrería mayor destinada a labrar hierro y
un martinete de cobre para el acuñado de la tresena, última moneda
navarra equivalente a tres maravedís. La tresena de Betelu se acuño
en este martinete entre los años 1828 y 1833.
Juan Antonio Zabala era un auténtico emprendedor. Puso en marcha
industrias, comercios, molinos, batanes y ferrerías, acondicionó
casas para los enfermos que venían a tomar las aguas
medicinales…Nacido en Pamplona, se asentó en Betelu y se casó con
María Josefa Yeregui, perteneciente a la estirpe de artesanos
célebre que ha tenido esta población.
La historia de la ferrería quedó marcada por un escándalo en 1832.
Ochotorena tuvo que fugarse a Burdeos acusado por el gobierno de la
elaboración de falsos maravedís que circulaban por Navarra. Este
hecho motiva el parón de la fábrica y al poco tiempo es Zabala el
que se erige en administrador de los bienes.
Pese a las dificultades que atravesó la ferrería, existe un
documento fechado tres años más tarde en el que se asegura que entre
1831 y 1835 se habían labrado más de 240 toneladas de hierro y que
la renta de la ferrería había sido de 6000 reales de vellón por cada
año.
La ferrería de Betelu, regentada por la viuda de Juan Antonio Zabala
y los nuevos administradores, funcionó durante la década de los
cuarenta y algunos años de los cincuenta del siglo pasado. Ya en el
siglo XX, los herederos de Zabala volvieron a poner en marcha la
ferrería, pero no para labrar hierro sino para generar energía
eléctrica con la que se iluminaría el boyante Balneario de Betelu.
Pero éste también se paró, incluso fue derribado y apenas sí quedan
algunos restos. Desde entonces, ese lugar antes tan activo y ruidoso
se ha sumido en el silencio, convirtiéndose en las ruinas que hoy
conocemos.
A principios de siglo se cerró la última ferrería de Leitza, la de
Olaberria, de la que fue trabajador Clau. (Fuente: Plazaola-Curiosidades) |